¿Los protegemos demasiado?

Cualquier madre diría que es imposible proteger demasiado a los hijos… Sin embargo algunos estudios muestran que hay ciertas formas de proteger a nuestros hijos que pueden terminar haciéndoles daño…. Veamos:

La protección es algo normal, natural, instintivo y, además, necesario para la propia supervivencia. Los niños, al nacer, requieren de todo tipo de atenciones, necesitan la dedicación de los adultos para sobrevivir 24 horas al día. Lo peligroso llega cuando este tipo de actitudes se repiten ante todas las actividades de los niños independientemente del riesgo que conlleven.

Todos queremos lo mejor para nuestros hijos y madres y padres velan por su seguridad y su bienestar, procurando evitarles cualquier tipo de sufrimiento. En el equilibrio está la virtud y fomentar la autonomía e independencia no quita que los niños sigan necesitando de la atención, de los mimos y del cuidado de sus padres.

Normalmente la sobreprotección es fruto de circunstancias especiales, como la llegada de un hijo muy deseado y buscado durante años, una enfermedad grave o crónica o un accidente, la ausencia repentina de uno de los progenitores, la crianza por parte de los abuelos o sencillamente, la propia personalidad de los padres.

Consecuencias

Los niños sobreprotegidos muestran características negativas durante la infancia que permanecen durante la edad adulta, siendo más proclives a ser manipulados y con dificultades para tomar decisiones.

  • Sentimientos de inutilidad y dependencia
  • Falta de autoestima
  • Dificultades para aprender
  • Dificultad para hacerse responsables de sus propios actos y para tomar las riendas de sus vidas
  • Suelen ser niños más miedosos
  • Falta de iniciativa propia y de creatividad
  • Insatisfacción por sus propios logros
  • Inmadurez
  • Normalmente tienen pocos amigos
  • Poca tolerancia a la frustración
  • Timidez y retraimiento
  • Escasa empatía
  • Cierto nivel de egocentrismo y necesidad de atención
  • Insatisfacción por los propios logros
  • Temor  ante lo desconocido y evitan emprender iniciativas propias

Para evitar las numerosas consecuencias negativas que tiene la superprotección  es importante adoptar conductas que fomenten la independencia y autonomía de nuestros hijos, aunque eso pueda conllevar algún riesgo, siempre que este sea medido. De este modo podrá aprender por la experiencia,  tanto de sus acciones positivas, como de los errores.

Deja que tu hijo experimente

No intervengas en todos sus problemas, puedes acompañarle o hacerle reflexionar sobre cuál es la mejor solución, pero tiene que aprender a proponer opciones, a valorarlas y a elegir la más adecuada.

Todos los niños se caen, deja que juegue y disfrute y sólo debes intervenir cuando exista un peligro real que pueda dañarlo. Golpearse en el parque es algo normal y no se considera como un grave peligro potencial.

Fomenta que tu hijo juegue con otros niños y permite que se aleje de ti y disfrute con los demás. Comprobarás que, realmente, no se aleja tanto como pesábamos que podría hacer.

Respeta su ritmo de aprendizaje y permite que se enfrente a sus propios retos. Tan negativo puede ser no permitirle que suba al tobogán más alto, como obligarle a hacerlo. Los niños valoran sus propias capacidades y se mantienen en su entorno de seguridad.

Fomenta su autonomía y responsabilidad asignándole tareas adecuada a su edad. Con un año ya puede ayudar a quitarse los calcetines para bañarse y con dos puede colocar las servilletas en la mesa antes de comer. Poco a poco los niños deben asumir responsabilidades que además les permitirán comprobar que son capaces de hacer las mismas cosas que los mayores.

Puedes ver el artículo original aquí: Los riesgos de la sobreprotección infantil
Foto usada con permiso 

 

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